Boda XXL
Me casé con 25 años. Encontré a la persona adecuada y decidimos avanzar. En aquel año yo pesaba 105 kg. IMC 35,91. Obesidad Tipo II. Mi marido de novios estaba más flaquillo pero cuando nos casamos ya había cogido algo de cuerpo (no tanto como yo, claro, ni de lejos). A mi no me importaba, claro, me parecía y aún me parece perfecto. Y yo a él también jajajaja (o eso dice).
Buscar un traje de novia fue una odisea. Cuando entraba en una tienda no me ponían ni pegas ni malas caras ni nada, eso no, pero no podía probarme nada de nada. Ni un vestido de mi talla. Tenía que echar mano de toda la imaginación que tuviera disponible para hacerme una ligera idea de cómo me quedaría en mi talla. Intenté uno a medida en una modista, pero fue peor: cuando me vi enrollada en trozos de tela...parecía una momia y ni de coña me veía con nada parecido a un vestido de novia. Será que no tengo suficiente imaginación. Finalmente elegí uno en el que entré como pude y aún no sé por qué, pero me ví con él, lo vi. Conseguí entrar en él y mientras una me sujetaba por un lado, otra tiraba de otro para que viera el efecto de no se qué, luego me colocaban una manga por aquí, sobreponían otra cosa por el otro lado... en fin, ése iba a ser mi vestido. Tan solo cuando me midieron sentí un poco de alivio porque parecía que al menos no estaba amorfa y mi cuerpo tenía una forma lógica pero en XXL. No tendrían que ajustar mucho ni hacer filigranas. Desde ese momento pasé unos meses horrorosos. Al no habérmelo visto puesto tenía unas dudas horrorosas, estaba intranquila. Hasta que no me lo prepararan y me lo probara no me quedaría tranquila. No sé si las novias suelen tener este dilema pero yo sí lo tuve y, por supuesto, lo relaciono con mi talla. Cuando me lo probé al fin, fui feliz. Era perfecto para mí. Estaba preciosa (o a mi me lo parecía jajaja). Después tocó pagar. Los vestidos de novia son caros ya de por sí pero si eres de talla grande, más. Será por que llevan más tela pero tenía un plus que, si hubiera sido de otra talla, no lo hubiera llegado. En fin, era mi vestido y era mi día. La gorda era yo, la culpa era mía. A pagar.
Pasamos un día fabuloso y yo me sentí como la reina del mundo. No me sobró ni un kilo para disfrutar, reír, posar, bailar y lo que hiciera falta. Estuve a la altura de cualquiera con más de 30 kilos extras.

Comentarios
Publicar un comentario