Un poco de historia

De pequeña yo era una niña normal. Mi madre siempre dice que de bebé era muy canija y comía fatal y siempre estaba vomitando pero me llevó a un curandero porque el pediatra no le hacía mucho caso y desde entonces empecé a comer normal.
Hasta los 16 años siempre me he considerado una chica grande pero no demasiado. Y aunque tuve etapas en las que los niños y  niñas se metían conmigo, ahora con perspectiva veo fotos y, en verdad, pienso que no estaba gorda. No era pequeña ni flaca pero no gorda y mucho menos obesa. Mi peso y mi talla no han sido gran problema para mí nunca.
Con 16 años algo empezó a ir mal. Hiperventilaba, me mareaba, perdía el conocimiento, me daban crisis de ansiedad,... y siempre en los peores momentos cuando estaba de fiesta con mis amigas y sitios así, de manera que la gente pensaba que estaba borracha o me había pasado con algo. En ocasiones terminaba en el hospital o tenían que venir mis padres por mí. Una mierda. Perdí bastantes amigos por entonces y empezó mi odisea con los médicos. Lo primero fue llevarme al psicólogo para que dejara de llamar la atención. Fue idea de mi médico que no encontraba ningún  motivo a primera vista (ni analíticas ni nada para descartar cosas). Tuve que batallar con tropecientas preguntas del tipo de: ¿que tal en el instituto? ¿te llevas bien con tus compañeros? ¿como llevas las notas? ¿te sientes sola? ¿Tienes algún problema con alguien? ¿y en casa? ¿no te entiendes tus padres?
En fin, yo a todo respondía que no o que todo estaba bien. Total, tampoco se esmeraron mucho más y no tuvieron una conversación conmigo más allá de ese cuestionario interminable. Mi madre, la pobre, me llevaba de un lado a otro donde la decían pero no sabía qué podía ser. No entendía nada. Yo tampoco. Un día en la consulta del médico de cabecera, así como el que no quiere la cosa, mi madre le comentó que parecía que tenía un poco abultado el cuello. El médico no parecía muy convencido pero dijo que me haría una analítica para que se quedara más tranquila y ¡BINGO!: "Señora, su hija tiene hipotiroidismo". Todo tomó color en ese momento. Empezaron las pruebas específicas, empecé con medicación, especialistas y por arte de magia, la adolescente que parecía fingir crisis nerviosas se calmó y todo se reorganizó. Demasiado tarde para algunas cosas pero a tiempo para otras.

Por si alguien no lo sabe, el hipotiroidismo es una afección de la glándula tiroides cuando no produce suficiente hormona tiroidea y el tiroides es un órgano importante del sistema endocrino que está localizado en el cuello y produce hormonas que controlan la forma como cada célula del cuerpo usa la energía (metabolismo). Total, que cuando tu tiroides no está bien, el cuerpo se revoluciona y puede ser una autentica locura.

Empecé a ir al endocrino y en pocos meses me sentí como un conejillo de indias. Es duro ir cada dos meses, hacerte una analítica y ver que no estás mejor y te suban la dosis. Y otra vez. Y otra vez. Y ahora prueban otra cosa. Y ahora creo que esto otro te irá mejor. Y te voy a dar esta otra pastillita para compensar lo otro.

Y engordé. En el primer año sin cambiar mis hábitos alimenticios ni nada en absoluto en mi rutina salvo la medicación y mis visitas médicas, engordé casi 25 kilos. Una barbaridad. A todo esto ya tenía 19 años porque tardaron más de 2 en averiguar qué me pasaba y uno más mientras probaban y aumentaban dosis. Pero como engordaba más, más dosis. Y así.

Mi endocrino era un hombre muy mayor a punto de jubilarse y tenía la sensación de que hacía las cosas sin ganas: Buenos días. Sube a la báscula. Estás engordando. Come menos. Haz ejercicio. Toma más pastillas. Nos vemos en 3 meses.

Los síntomas del hipotiroidismo son varios, pero a mí me afectó especialmente (o así lo sentí yo), la fatiga y el sentirse lento. Me despertaba por las mañanas y solo pensar en levantarme y vivir ya me parecía agotador. Sentía que tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para ello. Me dolía todo y estaba como tristona. Y engordé.




Luego mi cuerpo dio un giro y decidió que ahora sería hipertiroidea y me sentía nerviosa e irritada, tenía cambios de humor (que sufrió mi madre la pobre), me costaba dormir y me daban como taquicardias y temblores. También se me marcaron bastante los ojos como saltones, aunque no mucho. Y perdí peso, aunque no tanto como había ganado pero sí cerca de los 20 kilos.

Mientras tanto, seguían practicando conmigo y probando cositas. Llegué a una dosis de tiroxina muy alta y mi endocrino consideró que era el límite y no podía pasar de ahí. Pero no estaba controlada ni de lejos. Barajamos el yodo radiactivo y otras alternativas pero finalmente me diagnosticaron Enfermedad de Graves Basedow y decidieron operarme para extirparme el tiroides completo (al parecer tenía muchos nódulos y era lo mejor).

La enfermedad de Graves, que es un trastornos autoinmunitario (las defensas atacan por error el tejido sano) que lleva a la hiperactividad de la glándula tiroides. Parece que ése era mi diagnóstico definitivo. Pero por desgracia no tengo mucha documentación que lo corrobore porque en el sistema informático no hay constancia de esos años donde no era obligatorio pasarlo todo a la historia digital. He pedido copias de mi historia varias veces pero cada vez me dan documentos diferentes. Seguiré intentándolo y un día de estos, quizás me den lo que quiero para saciar mi curiosidad.

Tenía 21 años cuando me operaron y ya hacía tiempo que no bajaba de peso. Me extirparon por completo el tiroides. Esto implicó malestar y poco beneficio pero el diagnóstico cambió definitivamente a hipotiroidismo y a una pastilla diaria por el resto de mi vida. Estando en el hospital me enteré que llevaba tomando una pastilla para los nervios que engordaba bastante y no era aconsejable más de unos meses seguidos y yo llevaba casi 2 años tomándola. nadie me dijo nada. Mi endocrino se jubiló y como si no hubiera pasado nada.

Me asignaron otro endocrino. Estuve un par de años con él pero me harté que una persona maleducada, borde y que estaba más gordo que yo, que apenas me miraba cuando iba a la consulta y se limitaba a pesarme y darme una hoja de una dieta estándar de 1500 kcal que arrancaba de un bloc lleno de ellas acompañado del famoso "tienes que caminar al menos 1 hora diaria". ¡Ejem! ¿YA? ¿Eso es todo? ¿Mi analítica está mal y tú me mandas dieta y ejercicio? Vale. Siguiente. Solicité cambio de endocrino y estuve un tiempo sin nadie asignado. Donde vivo había entonces 2 especialistas en la pública. El mío y otro. El otro me vió un par de veces y me pareció de la misma escuela que el primero. No me preguntaban qué comía, no me preguntaban qué hacía, no me preguntaban cómo me sentía. Un desastre. El año siguiente empecé a peregrinar de un endocrino a otro que venían a cubrir una plaza nueva. O me veían los de prácticas o qué se yo. Pero me sentía fatal. Me daban taquicardias solo de pensar que tenía consulta. Una de las veces, para mi sorpresa, me vio una chica endocrina nueva. Me hizo sentir bien. Se preocupó por mí o hizo como si se preocupara pero me sentí bien. Me escuchó, me preguntó cosas, lloré como nunca. Estaba como aliviada de que alguien dejara de verme como una gorda de mierda que sólo comía cuando NO ERA ASÍ. Me subió la dosis de la medicación. Yo me escandalicé un poco porque traía aprendido que estaba en el límite y ella me explicó que no, que el límite lo marcaba mi cuerpo y yo necesitaba más porque era más grande. ¡ALELUYA! FUNCIONÓ. Empecé a encontrarme mejor con la nueva dosis y mi analítica también mejoró. Mi peso se estabilizó un poco y mi cuerpo en general y  mi ánimo, también. me vió un par de veces y se marchó. Me quedé desolada. Llegó otro chico joven, pero no era lo mismo. Luego otro y otro y, para mi sorpresa, volví al primero de nuevo. No llegué ni a acercarme a verle. Pedí cambio de especialista en cuanto vi su nombre en la cita. Y me asignaron a la endocrina con la que estoy actualmente. No hay color. Es amable y te escucha. Parece que no es mucho pero para mí si lo es. Aunque podía mejorar en otros aspectos, pero bueno, no hay más opciones.

Esta endocrina me lleva ya algunos años y no tengo quejas de ella. Me mantiene la dosis correcta, me revisa bien las analíticas, me ayudó con una prediabetes, también a regular mis periodos menstruales para poder quedarme embarazada, en fin, lo que considero que debe hacer. Gracias.

Y como esta entrada me está quedando muy larga voy a ir recortando y ampliando información en las siguientes. Gracias por leerme si has llegado hasta aquí y no te ha dado un patatús con tanto dato.


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